A las puertas de la Patagonia: la Península Valdés

18-07-2017

 
A las puertas de la Patagonia: la Península Valdés
 

Puerto Madryn ha supuesto nuestra parada entre Buenos Aires y el sur del continente. ¡De hecho esto ya es la Patagonia! Aquí hay ballenas, pinguïnos, delfines, leones marinos y demás fauna… pero prepara la cartera si quieres ver  animalitos.

Habíamos descartado volar directamente de Buenos Aires a Ushuaia ya que, aunque era más cómodo (¡y más barato!), iba un poco en contra del espíritu de Viviendo por el Mundo: queremos hacer todo por tierra, siendo conscientes de las grandes distancias que separan este vasto continente, viendo como los paisajes y sus gentes van transformándose y valorando más el momento en el que uno llega al nuevo destino. ¡Es la grandeza del slow travelling!

Aunque al final por el camino sólo vimos esto:

Kilómetros y kilómetros de llanuras áridas, carreteras sin fin y una valla a ambos lados en la que puedes contar sus palos si te aburres… ¡ni un solo poblado! Mientras vivimos hacinados casi verticalmente en ciudades descomunales, aquí nos sobra tierra por un tubo. ¿Extraño no? Como veis, los viajes largos te dan para pensar en estas cosas… y mucho más.

El viaje en bus fue bastante fiasco: nos ponían videoclips musicales horteras a toda hostia. Cuando le preguntamos al tipo si podía bajar un poco el volumen dijo “sí”… pero siguió tumbado en su asiento como si nada. Eran como 10 videoclips y cuando acababan ¡volvía a empezar la lista! Cuando ya habíamos visto 5 repetidos le pregunté: “¿podemos cambiarlo?”, y me dijo “no” y se quedó tan pancho. Sí chavales, pagamos una pasta para que nos vacilen. ¡Si vais en avión, seguramente esto no os pasará!

No queríamos hacer todo el recorrido hasta el fin del mundo de una sola vez (son como tres días) así que decidimos hacer una parada en Puerto Madryn para explorar un poco la Península Valdés.

Tu p#t@ Madryn

Sólo bajar del bus nos dimos cuenta de que el calor se había quedado en la capital. Nos pusimos nuestros polares, nos acercamos al paseo marítimo pero un aire tirando a frío contrarrestaba demasiado los rayos del sol y al caminar tres cuadras (así llaman aquí a las manzanas) decidimos volver al albergue. La atención y el feeling en el hostel tampoco eran para tirar cohetes… Cuando viajas hay veces que parece que llegas a un sitio y todo te es hostil.


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