Abidos, la cuna de la escritura jeroglífica

11-12-2016

 
Abidos, la cuna de la escritura jeroglífica
 

Al pensar en Egipto todos pensamos en sus pirámides y en la Esfinge, pero la tierra de los faraones esconde maravillas poco visitadas, como la ciudad sagrada de Abidos, uno de los principales sitios arqueológicos del antiguo Egipto.

En nuestro viaje a Egipto se nos metió en la cabeza… bueno José se “encabezonó” con visitar Abidos. Poco esperaba de esa visita, y se convirtió en una experiencia fabulosa. Por desgracia Achmud, el guía, no estuvo a la altura   Muy servil y pelota repitiendo como papagayo “claro que si habibi, claro que si” pero muy pocos conocimientos sobre este fascinante lugar. Por ese motivo queríamos hacer esta entrada, para que a vosotros no os pase lo mismo 

Pinceladas de Historia

Abidos es un asentamiento pre-dinástico con más de cinco milenios de antigüedad. Posteriormente, los primeros faraones consolidaron la unificación del Alto y Bajo Egipto bajo su poder, y eligieron la necrópolis de Abidos, llamada Umm el-Qa’ab como lugar de enterramiento.

Con el tiempo, el deseo de ser enterrado en la zona hizo crecer el lugar como centro de peregrinación y culto, convirtiéndola en una ciudad sagrada. Inicialmente se rindió culto a Jentiamentiu, un dios con cabeza de chacal guardián de la necrópolis, que posteriormente fue asimilado por Osiris, el dios egipcio de la resurrección, que simbolizaba la fertilidad y regeneración del Nilo. 

Hace cuatro milenios, durante la construcción de una tumba gigantesca cortada en la roca, se fundó para los obreros la pequeña ciudad de Wah-Sut al sur de Abidos, que fue utilizada durante 150 años.

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Recorriendo el templo de Seti I en Abidos podemos ver un nombre tallado recientemente, el del arquitecto español Juan Víctor Abargues. Este “vándalo” nacido en Valencia o en Argelia según la fuente que consultes, residió durante un tiempo a unos 30 Km. de Abidos y vendió al Museo Arqueológico Nacional centenares de piezas y monedas procedentes de Abidos, Luxor, Dendera y Edfu.

No se sabe si este enigmático personaje era un aventurero, un espía o un simple ladrón, aunque en 1877 fue nombrado “académico correspondiente” de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, a la que donó una serie de bocetos con escenas del templo de Abidos, hoy día perdidos.


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