Acantilados de Moher en Irlanda, paisaje que deja sin palabras

01-06-2017

 
Acantilados de Moher en Irlanda, paisaje que deja sin palabras
 

Hoy les voy a hablar de un lugar extraordinario. Estaba ubicado en primer lugar en mi lista "a hacer" en Irlanda, país que visité por primera vez en noviembre.

Me habían dicho que Irlanda era una isla de paisajes fascinantes, el país de los pubs donde corre la cerveza negra, y la tierra de esos seres extraños como duendes verdes, los "leprechauns". Yo debo admitir que conocí muchos de aquéllos, bebí unas cuantas pintas, y no vi ninguno de los últimos. Menos mal. No sé cómo habría reaccionado.

No obstante ello, la magia del país me pareció bien real. Pero fue gracias a los paisajes que se me presentaron en el camino. La mayoría quitan el aliento. 

Pero sobre todo, hubo un paisaje en particular.

Hoy les hablo de los famosos Cliffs of Moher, los célebres "acantilados de la locura" que se levantan a proximidad de Galway.

Un paisaje increíble si los hay.

Dado que estaba alojada en Dublin, tenía que desplazarme a la otra costa. Muy temprano llegamos a la estación Hueston para tomar el tren que atraviesa el interior de Irlanda. Íbamos en grupo en una excursión planificada y contratada de antemano. Son aproximadamente 2.30 hs. de viaje hasta el litoral. Al llegar a destino, cambiamos de transporte. Un bus nos llevaría a recorrer la región.

Los acantilados imponentes no son la única atracción en esta tierra inhóspita. Está también el Burren, un territorio único, una verdadera perla geológica. Está habitada por colinas de piedra caliza, restos arqueológicos, tumbas megalíticas y por la antigua abadía de Corcomroe cuya visita merece un artículo aparte.

El Burren es una tierra extraña está atravesada por fisuras que parecen cicatrices. Muy extendido, a veces en pendiente que llega hasta el mar, otras veces una planicie, ese desierto rocoso y desmesurado se extiende hasta no encontrar el fin. Se llega a él cuando la tierra seca se pierde en la costa y es bañada por el mar salvaje. El día frío y lluvioso de nuestra visita, transformaba el paisaje árido en algo casi ominoso.

Nos detuvimos un buen rato a apreciar el entorno y tomar algunas fotografías. El frío, el silencio y el viento helado complicaban la cosa. De todos modos el paseo por ese desierto irlandés tan pintoresco valió bien la pena. El guía nos contaba lo que había dicho uno de los generales del ejército de Oliver Cromwell, Edmund Ludlow, que describió con maestría este territorio. Decía que El Burren es una región donde no hay suficiente agua para ahogar a un hombre, tampoco suficiente madera para colgarlo, ni tanta tierra para enterrarlo. Y sin embargo el ganado se criaba porque la hierba que crecen en esos surcos es tierna y alimenticia.


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