Atenas, la ciudad imperfecta

28-11-2017

Tierra Nómada
 (4/5)
 
Atenas, la ciudad imperfecta
 

Vibra el suelo. Lo sentimos en los pies.

Atenas no es fácil como aquellas ciudades a las que nada más llegar dilatan pupilas y desencajan mandíbulas. No da mucho a los desconocidos, a Atenas hay que ganársela. Si eres de los fieles a la primera impresión, ni te interesa ni le interesas.

No es lo más acertado basar los destinos de viaje siempre en expectativas previas, pero no se puede negar que están ahí y que no siempre las vencemos. Lo ideal parece, como tantas veces, el punto medio: intentar llegar a los lugares sobre los que tenemos un pensamiento positivo y aventurarnos a descubrir lo desconocido y lo que valoramos menos, no hay que olvidar que son percepciones que hemos creado sin experiencia real. Después de este y otros viajes (especialmente Irán), nuestro ideal ha cambiado y nos interesa cada vez más visitar lugares hacia los que tenemos prejuicios. Así, en nuestra particular libreta de récords, la capital griega tiene un hueco por ser uno de los lugares que más nos ha sorprendido para bien, según las expectativas previas que teníamos.

Primera impresión

Llegamos al Puerto del Pireo un viernes después de la media noche. Baja la rampa, paran las sirenas, el pelotón se apresura a desembarcar, pisas el suelo, levantas la cabeza y empieza el caos ateniense. La primera imagen de la ciudad no es una postal como las de los atardeceres en Santorini; es ruido, no hay orden ni colas, los coches están aparcados donde encontraron un hueco sin importar dejar a otro atrapado, las pintadas lo cubren todo, los colores del semáforo no parecen marcar muchas diferencias, el cinturón de seguridad y el casco no es asunto de ellos…


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