Castelo de Vide y su Semana Santa

23-04-2017

 
Castelo de Vide y su Semana Santa
 

En la villa portuguesa de Castelo de Vide la Páscoa es la principal festividad del año, por delante de la Navidad. En esos días aquellos que viven lejos de su hogar regresan a Castelo para celebrar la fiesta con su familia. Para un castelovidense, la Semana Santa es tan importante como el Día de Acción de Gracias para un estadounidense.

Esta celebración se extiende durante todo el mes de abril, y muchas de sus manifestaciones son fruto de un rico legado histórico y cultural judío. A los actos litúrgicos se suman asociaciones locales y el propio Concello (Ayuntamiento), con actividades culturales y festivas. Por ello, la Páscoa de Castelo de Vide es una festividad realmente única en todo Portugal.

Además, durante esas fechas veréis por las calles diversas figuras, representando estaciones del vía crucis. Estas toscas figuras nos recordaron al Belén Monumental de “Pardito” en El Escorial, pero sin la “simpatía” que transmitían las figuras del artista.

Pinceladas de historia

En 1492 los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España provocando la diáspora del pueblo sefardita. El municipio de Castelo de Vide linda con nuestro país, por ese motivo muchos judíos que huyeron hacia Portugal se establecieron en el.

Desgraciadamente, el rey Manuel I de Portugal pretendía casarse con una hija de los Reyes Católicos. Por ello, cinco años después decretó la expulsión de todos los judíos que no se convirtiesen al cristianismo. Muchos quedaron en Castelo, conservando sus ritos y creencias en secreto. No es de extrañar que esta villa conserve una de las juderías más importantes de toda Portugal, que forma parte de la Rede de Judiarias.

Castelo de Vide y la herencia judía

La fiesta de la Pascua judía o Pésaj es una de las más importantes del mundo judaico. Durante la misma se recuerda la liberación de la esclavitud en Egipto y los 40 años de peregrinaje en busca de la Tierra Prometida.

En la cena de Pésaj, se incluye a modo simbólico una tibia de cordero asada. Así se recuerda el sacrificio de estos animales durante el Pésaj en el Templo de Jerusalén. Hoy en día no existe el Templo, y por ello el cordero ni se ingiere ni se manipula durante la cena.


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