Cebú, la antigua colonia española

02-03-2017

La Aventura del Dragón
 (4/5)
 
Cebú, la antigua colonia española

Cebú es la capital del archipiélago de Bisayas, y la segunda ciudad más importante del país tras Manila, tanto a nivel económico como mercantil. Posee un un tráfico tan caótico y ruidoso como en ésta, sino más. Allí se estableció la primera colonia española en las Islas Filipinas. Puede ser un buen campamento base desde el que moverse después a otras islas cercanas como Malapascua o Bohol.

Tras el vuelo desde Puerto Princesa a Cebú, y recoger mi mochila en el aeropuerto, busqué a Daisy, la chica de couchsurfing que me alojaría en su casa durante dos días, y con la que había quedado allí. Su perfil decía que tenía 18 años, así que pregunté a un par de muchachas que ví esperando si eran ellas, pero su respuesta fue negativa. Finalmente, fue ella la que me encontró, pero parecía bastante mayor. Y cuando le comenté lo que había hecho, comenzó a reírse porque su perfil tenía un error sobre su edad que era imposible modificar. En realidad tenía 31 años.

Cogimos dos jeepneys hasta su casa, de los pequeños, en los que golpeé mi cabeza varias veces, porque era realmente complicado moverse por su interior con la mochila grande y llenos de gente, con los que me fui disculpando según avanzaba por las molestias que les estaba dando. Su casa era pequeña, tan solo una habitación que hacía de todo, sala de estar, comedor y dormitorio, con una cama doble que compartimos las dos noches que me alojé allí. El baño estaba fuera, donde también había una pila para lavar los cacharros y poner la bombona de gas cada vez que quería cocinar algo. Estaba en una especie de urbanización privada de la ciudad Lapu Lapu, algo lejos de Cebú y del centro histórico de éste, aunque cerca del aeropuerto y de la playa.

Preparó algo de pasta para cenar, y salimos a tomar una cerveza. Era una chica simpática, agradable, profesora de instituto, y estaba sola en esos momentos porque su novio polaco se encontraba en Londres buscando trabajo. De hecho, fue él quién la animó a utilizar couchsurfing para conocer a gente nueva mientras estaba fuera. Y yo era el primero, aunque pensé que lo tendría complicado para encontrar a otras personas que quisieran alojarse en su casa dada su localización.

La luz entró en su casa a partir de las cinco y media de la mañana, aproximadamente, momento en el que ya no pude seguir durmiendo. Después de desayunar, nos desplazamos hasta el centro, en un viaje de hora y media, si no más, en un triciclo, por dos pesos cada uno, y dos jeepneys, a siete pesos cada trayecto. Horrible, llegamos cansados incluso antes de empezar las visitas. Lo que la noche anterior me había parecido divertido, se tornaba ya en pesado, porque son transportes que no están preparados para gente alta. No obstante, siempre utilizaré y recomendaré hacerlo el transporte local, porque es donde se interactúa realmente con los habitantes del lugar, lo que siempre es toda una experiencia, además de ser lo más económico. 


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