Copacabana, uno de los paseos más famosos del mundo

14-06-2017

 
Copacabana, uno de los paseos más famosos del mundo
 

La primera vez que pisé Río de Janeiro me encontré instalada en el medio de Copacabana.

Estaba en un bonito hotel frente a la playa que se extiende junto a ese largo paseo ondulante, una vía emblemática cuyas veredas tan características se dirigen a los pies del Pão de Açúcar. En realidad, eso era estar en el centro de Río, en el lugar en donde pasa todo, donde late el corazón carioca. Lucky me!

Copacabana posee una playa única. Especie de supuesto-paraíso-sobre-la-tierra ocupado tanto por jóvenes vestidas con mallas diminutas como por jóvenes atléticos y familias, es en verdad una playa sin arena blanca, ni agua tibia, tampoco transparente. 

Sin embargo, Copacabana mantiene su encanto. Es diferente y pintoresca. Es la postal carioca en efecto. No se transformó en mi paseo panorámico favorito, pero quedó bien ubicada entre mis "top 10"

Estaba un mes de diciembre en Río por el concierto de Paul McCartney en gira por Sudamérica. Dónde? En el HSBC Arena, en Barra de Tijuca. Por eso, mientras esperaba ansiosa el evento, me decidí a disfrutar de la ciudad, del verano en Brasil.

El paisaje comenzaba sobre el calçadão. El sólo hecho de caminar tranquilamente sobre esa vereda sinuosa producía un efecto casi hipnótico. Esos mosaicos color blanco y negro son como un emblema de Río de Janeiro, tanto como la estatua gigante del Cristo Redentor sobre el Corcovado o el mismísimo Pão de Açúcar. 

Ubicada entre las playas de Leme y do Arpoador, rodeada de colinas suaves pero imponentes, Copacabana es el barrio más famoso entre los turistas que vienen desde los cuatro puntos cardinales buscando el glamour carioca ... pero el de antaño.

Imposible no notar las desigualdades en el distrito.

Ahí mismo está la populosa favela de Cantagalo, una de las barriadas más desfavorecidas de la que se conoce como Cidade Maravilhosa. Uno de los accesos a la colina está justo frente a la estación homónima del metro. Los carros de los cirujas suben penosamente la cuesta ante la mirada atenta de la policía. Una imagen bastante dolorosa.

Los contrastes son muy fuertes. Uno puede encontrar un lugar en la playa, estirarse sobre la arena y observar los alrededores. Sorprende a más de uno tener, a un lado, el mar y un horizonte de carta postal, y, del otro, el paisaje de esas pequeñas casas coloridas que descienden desordenadas por los morros.


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