COUCHSOURFING

15-12-2016

 
COUCHSOURFING

Seguro que muchos de los que acabáis de leer esta palabra solo se os ha pasado por la cabeza pensar: Pero so que eh!??? No es raro, yo pensaba lo mismo hasta hace un mes que lo descubrí, de hecho todavía me cuesta hasta escribirlo bien, para los que no sepáis lo que es y seáis unos aventureros empedernidos se trata simplemente de la mejor manera de viajar, conocer culturas locales, gastronomía, formas de vida, …todo esto de la mano de habitantes de la propia ciudad, que te dejan vivir en sus casas durante unos días, y he dicho te dejan, no te cobran ni alquilan, porque lo hacen de forma altruista y gratuita, tu disfrutas de unas vacaciones diferentes, en las que aprendes millones de cosas y además gratuitas, y ellos de la compañía y el poder enseñas a turistas embargados por la ilusión de descubrir un nuevo lugar, y sin más enrollarme voy a contaros mi experiencia couchsurfing en Polonia.

Podría enrollarme y contaros cada detalles de esta experiencia, pero pienso que se os haría un poco pesada y larga, por lo que os lo voy a contar de manera general para que os quede más clara y podáis.

Nos acogieron en dos casas diferentes, una se encontraba en la ciudad de Cracovia y la otra a unas dos horas de esta, en la ciudad de Kielce. La casa de Cracovia estaba habitada por dos jóvenes universitarios de nuestra edad, se trata del piso comunista de uno de ellos, la casa media apenas unos 30 metros cuadrados y contaba con una cocina-comedor, un mini cuarto de baño y una habitación, por lo que nosotros encantados dormíamos en el sofá cama del salón o en el suelo (como fue en mi caso la mayoría de las noches), desde luego que no nos importaba lo más mínimo y estuvimos encantadadisisimos, pero imaginaros lo que fue convivir seis personas en un piso como este… Una locura!!! Que sin duda todos repetiríamos. Una de las mejores cosas fue la oportunidad de viajar viviendo como auténticos locales, por lo cual nos integrábamos al máximo, todas las noches cenábamos en casa y nos preparaban platos típicos, como sopa de pepinos o sopas calentitas, que desde luego se agradecían mucho, y por supuesto nos sacaban por la noche a los mejores bares y zonas que mejor se conocían, y luego por la mañana nos despertaban pronto con música Polaca para llevarnos a visitar los monumentos más bonitos de la ciudad como si de nuestros guías turísticos privados se tratasen.


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