De Ouarzazate a Marrakech

06-02-2017

 
De Ouarzazate a Marrakech
 

Lo malo de viajar pocos días, es que tienes que comprimir el tiempo para ver todo lo que te gustaría, por lo que aunque nos hubiera encantado, no nos podíamos quedar más tiempo en Ouarzazate y tocaba emprender rumbo hacia Marrakech, eso sí, con parada en Ait Ben Haddou, uno de los pueblos más chulos que hemos visto en este viaje.

A no muchos kilómetros de Ouarzazate, te encuentras el desvío a este pueblo. Se trata de una población del siglo XI realizada en Adobe y es preciosa. Dejamos el coche en un parking junto a la carretera y desde allí bajamos hacia el pueblo. Antes parada en una tienda donde compramos una tela muy larga de las que usan los bereber para cubrirse la cabeza del sol, y nosotros para poder portear a Éric cuando se cansara de caminar, y es que este viaje en cuanto a despistes se ha llevado la palma, nos dejamos la mochila de porteo, y aunque solucionamos el tema del carro, en este pueblo es imposible llevarlo ya que está lleno de escalones.

Ya preparados llegamos al río, donde unos niños estaban deseando cogernos las manos para cruzar por unas piedras y así pedirnos dinero, por suerte aún podemos hacer estas cosas solos, así que declinamos su ayuda y continuamos hasta la entrada del pueblo. Aquí hay una especie de taquilla, donde nos cobraron a cada uno 20 dhm y un chico que estaba allí se autoproclamó nuestro guía. Sinceramente ni pensamos en que posiblemente no estaba incluido, pero debíamos ir muy despistados y le seguimos sin más.

Fuimos recorriendo el pueblo y nos explicó cómo estaba construido y nos fue enseñando los rincones más chulos. El sitio es espectacular y además se han rodado aquí muchos exteriores de pelis como Gladiator o Juego de Tronos (con Kalessi a la cabeza). Hay fotos donde puedes ver escenas de los rodajes y el guía nos dijo con orgullo que el también había participado.

Nos encontramos varios artistas que realizaban obras que merecen la pena, por ser muy diferentes a lo que hemos visto en el resto de Marruecos. Un escultor que tallaba en madera reproduciendo el pueblo en miniatura, súper chulo aunque se nos iba de presupuesto. También vimos varios pintores que usan una técnica muy curiosa, usando azúcar e ingredientes naturales pintan la cartulina y luego la queman por detrás, de modo que al calentarse las sustancias cambian de color. Merece la pena entrar en estas tiendas.

Tocaba una paradita y encontramos una tetería perfecta, desde su terraza teníamos una vista espectacular del pueblo y el paisaje desértico alrededor, una pasada.


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