Descubriendo las ruinas arqueológicas de Ercolano

17-05-2017

 
Descubriendo las ruinas arqueológicas de Ercolano
 

En cada oportunidad que estuve cerca de Napoli, no visité la ciudad.

Hace un tiempo llegué desde Roma para embarcar hacia Capri. Tuve una mala experiencia, nos robaron algunas pertenencias, tarjetas de crédito con estafa virtual incluida.

En otra ocasión estábamos en la Costa Amalfitana. Pasamos por la ciudad para dejar a nuestros amigos que tomaban el tren hacia Roma. Tampoco la visitamos. Pero decidimos conocer Pompeya o Herculano. Optamos por la segunda siguiendo el consejo de un turista norteamericano que conocimos en La Spezia. Nos aseguró que las ruinas de la mítica Pompeya no estaban tan cuidadas. Menos famosa, era Ercolano la que merecía la visita.

Allí fuimos una mañana calurosa de mayo rumbo a la ciudad antigua de Herculanum, la villa que lleva el nombre de Hércules, el personaje de la mitología que tenía una fuerza extraordinaria. Después de conocerla, me detuve a reflexionar en las coincidencias: Ercolano en realidad tuvo una gran fortaleza a pesar de sus desventuras.

Así fue que dejamos para otra vez a Nápoles.

Tal vez, un día, me tomaré el tiempo de conocerla como se merece.

Dejo atrás Nápoles pero ahí está Vesubio, omnipresente en el horizonte, el volcán cuya terrible erupción del año 79 de nuestra era destruyó Pompei y Ercolano. La montaña posee un parque natural muy interesante en sus alrededores. 

Después, las dos antiguas ciudades exhiben los restos de la devastación. Son rarezas arqueológicas que merecen verse. Antaño, Ercolano era una gran ciudad emplazada a la sombra de la célebre y pujante Pompeya. Sin embargo, las casas, los templos, baños y oficinas públicas permanecen mucho mejor conservados que los de Pompei a pesar de estar también enterrados en las cenizas del volcán. 

No lamentamos seguir el consejo.

Comenzamos la visita bajo un sol implacable. Los rayos caían sobre las callejas sin árboles y sobre los muros ruinosos que reflejaban la luz y subían la temperatura. El calor se transformó en una compañía inesperada. 

Ercolano resultó sorprendente. 

Pudimos constatar que era una ciudad pequeña, pero que debió ser rica y elegante. El ambiente de la villa permitía suponer cual era la atmósfera cotidiana. Nos sumergimos en el interior del lugar imaginando los misterios de una ciudad que abatió la crueldad del volcán. Imposible no pensar en eso. Está todo tan bien conservado. Se supone que los habitantes de Herculano trataron de ocultarse con sus objetos más preciados y murieron intoxicados por los gases del flujo piroclástico que descendió desde el Vesubio. La erupción no dañó de modo irreparable los tesoros. Las viviendas tampoco.

 


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