Descubrimos la isla de Santo Antao

11-10-2017

 
Descubrimos la isla de Santo Antao
 

Nuestro ferry a la isla de Santo Antao salía prontito, así que a las 5,30h Quim tocó diana y al rato me incorporé yo. Dejamos gran parte del equipaje en el hotel, incluido el carro, ya que ir con todo a la otra isla era una locura. Así que repartimos los bultos y bajamos hacia el puerto.

Quim llevaba a Éric medio dormido en la mochila y a mi me tocaba llevar la ropa. Aunque creo que ya lo hemos comentado, en este país a la mínima sudas como si no hubiera un mañana y que fueran las 6,25h no iba a ser un excluyente. Aunque habíamos madrugado, llegábamos un poco justos así que el paseo no fue muy tranquilo que digamos. Esto tuvo consecuencias y cuando llegamos Quim se había convertido en Bob Esponja, nunca jamás de los jamases le había visto sudar de esa manera, le caía a chorros por los brazos. Esperanzado fue al baño del ferry a refrescarse y cambiarse de camiseta, pero ¡Oh, error! No había agua, por lo que sofocarlo iba a ser más complicado.

El ferry se fue llenando y salimos puntuales rumbo a la isla de Santo Antao. Según salimos del puerto, nos repartieron bolsas por si alguno se mareaba, como así fue. Creo que era un día muy tranquilo, aún así pudimos ver como lo pasaba mal a más de uno. ¡Viva la biodramina!

El paisaje chulísimo y la luz preciosa para hacer fotos. Además estaba bastante despejado y con mucha visibilidad, de modo que disfrutamos muchísimo del trayecto.

Nada más llegar al puerto de Cidade Nova, te encuentras un montón de aluguer que esperan para llevarte a cualquier rincón de la isla. Se llenan rapidísimo y realmente salimos enseguida rumbo a Ponta do Sol, donde pasaríamos un par de días. Desde hace no mucho tiempo, han terminado las obras de la carretera que va por la costa, por lo que la mayoría de los recorridos se hacen por ahí, a no ser que vayas a una localidad de la montaña o quieras ir expresamente, ya no atraviesan la isla por las montañas.

La carretera es una pasada, enseguida el paisaje se vuelve alucinante y es inevitable sentirte en la isla de la serie Lost. Montañas a un lado, repletas de vegetación y el océano al otro lado, una mezcla alucinante. Disfrutamos muchísimo del recorrido, por donde poco a poco se iban quedando parte de nuestros compañeros de aluguer. Finalmente llegamos nosotros solos a Ponta do Sol, donde el conductor nos dejó en la puerta del alojamiento. Trilhas e Montanhas donde nos recibió Alcina, una mujer muy agradable que nos hizo sentir muy cómodos y nos ofreció información de la zona. De nuevo solos en el alojamiento, por lo que podíamos estar a nuestras anchas.


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