Día 3: Beijing: Gran Muralla China, y Villa Olímpica

01-09-2016

 
Día 3: Beijing: Gran Muralla China, y Villa Olímpica
 

Nos esperaba uno de los grandes alicientes de Beijing, la Gran Muralla China. Elegimos la zona de Mutianyu ya que está un poco más alejada y hay menos turistas y así la podíamos disfrutar mejor.

Para llegar desde Beijing a Mutianyu en transporte público es necesario llegar a la parada de metro de Dongzhimen, en nuestro caso en la línea 2. Allí entramos en la estación por la Salida B. Nada más entrar es bastante intuitivo, hay carteles que indican los buses 916 que van hasta Mutianyu.

Hay que fijarse bien en el símbolo chino al lado del número 916 ya que hay un bus que realiza más paradas y es bastante más lento, el rápido es el de la foto.

El precio del billete es 16 yuanes y es necesario tener cambio ya que teníamos un billete de 100 yuanes y no nos cambiaron. Tuvimos que comprar una botella de agua para poder pagar el billete.

Llegamos hasta la última parada, Huairouqichezhan. Allí están los taxis que tenemos que regatear para llegar a la muralla. Mucha gente paró en las paradas anteriores ya que es una “pequeña” estafa. El recorrido del taxi es más largo y más caro.

Desde allí cogimos un taxi que por 40 yuanes nos llevó hasta la entrada de la muralla en la zona de Mutianyu. El taxista nos acompañó y nos intentó explicar el tipo de entradas que había y donde comprarlas. Digo intentó porque nuestro chino es bastante malo y su inglés era igual.

Aprovechamos para ir al baño antes de subir a la muralla y compramos las entradas solamente de subida, ya que arriba se pueden comprar también y como no teníamos claro cómo bajar decidimos esperar y comprarlas arriba. El Teleférico nos costó 80 yuanes por persona y además tuvimos que comprar un ticket para la guagua que nos llevó desde las taquillas hasta el teleférico. También existe la posibilidad de subir en telesilla que tenía un coste de 65 yuanes por persona.

El camino desde las taquillas hasta la guagua está lleno de puestos de souvenirs y lugares para comer, eso sí, bastante caros.

Subimos en el teleférico, con algo de miedo por la altura, pero nada comparable con el que cogimos días después en Zhangjiajie, ese sí que impresiona.

 


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