Hiroshima y Miyajima en un día con bebé

14-11-2017

 
Hiroshima y Miyajima en un día con bebé
 

Madrugamos para coger el tren bala Hikari desde Kioto con destino a Hiroshima, salimos a las 8 de la mañana y llegamos a las 10 a nuestro destino, a primera hora de la mañana es cuando salen los trenes de Kioto a Hiroshima directos, sino toca hacer transbordo en Himeji.

Junto a la puerta de la estación cogimos el Hiroshima Sightseeing Loop Bus que es gratuito enseñando el pase del Japan Rail. Hay dos rutas con diferentes horarios: la Orange Route es la recomendable si queremos ver más cosas y conocer a fondo la ciudad ya que tiene parada en varios museos, en el castillo y la más visitada que es el Parque conmemorativo de la paz y la Cúpula de la bomba atómica, la Green Route es más directa si se quiere ir a visitar el Parque de la Paz y el Museo. Pero al final da lo mismo una ruta que otra ya que acabas cogiendo la primera que llegue, como fue nuestro caso que cogimos la Green Route y fuimos directos a ver lo más importante de esta ciudad.

Hiroshima fue escenario del primer bombardeo atómico de la historia, el 6 de agosto de 1945, por parte del ejército estadounidense. Un mes después la ciudad se vio azotada por un tifón que destruyó algunas de las infraestructuras que aún quedaban en pie. La ciudad tuvo que ser reconstruida totalmente y en memoria de lo sucedido se mantuvo en pie la Cúpula que se encontraba en el epicentro de la catástrofe. El Monumento de la Paz de Hiroshima y el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima son de visita obligada para conocer una de las mayores catástrofes de la humanidad que no debería repetirse nunca mas.

El Museo de la Paz cuesta 200Y y su horario es de 8 a 17 horas, su visita es imprescindible para conocer la gran catástrofe ocasionada por esta destructora bomba. El Museo nos resultó tan impactante como el Museo de la guerra que visitamos en Ho Chi Minh durante nuestro viaje a Vietnam. Pero estos museos no son muy recomendables para ir con niños si ya tienen una edad en la que se dan cuenta de lo que están viendo, además les pueden parecer aburridos.

Al salir del museo nos dirigimos a la parada de bus que se encontraba a unos escasos metros, tuvimos que esperar un poco ya que el tráfico no acompañaba a la puntualidad de los buses, pero nos divertimos con un lugareño y su perro disfrazado con el que la pequeña se echó unas risas y unas fotos.


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