Kazan entre tazas de té y ollas gigantes

11-11-2017

Viajando Vivo
 (4/5)
 
Kazan entre tazas de té y ollas gigantes
 

El largo pasillo estaba apenas iluminado. Una pequeña ventana sucia al final del mismo dejaba pasar la débil luz de un día nublado, tan típico de la primavera rusa. Las paredes despintadas daban indicios de haber sido amarillas en algún momento, y las puertas de madera hablaban de décadas y no de años. Esto es lo que queda del comunismo, recuerdo haber pensado. En la casa de los padres de nuestro amigo el agua ya hervía en la pava, las viejas tacitas de té aguardaban sobre la mesa y a nosotros nos esperaba una de las veladas más memorables de nuestro viaje por la infinita extensión de la gran Rusia. Habíamos llegado a la milenaria Kazan, en el corazón del Tatarstan, el último vestigio de los Khanatos mongoles en el territorio ruso y uno de los grandes bastiones del Islam en el continente.

Té, hospitalidad y comunismo en Kazan

Kazan es una antigua ciudad del Oeste de Rusia cuyo origen aún hoy es discutible. Su papel en la historia, en todo caso, no lo es.

Reconquistada por el legendario Tsar Iván el Terrible en el Siglo XVI de manos de los mongoles luego de un largo asedio y de ajusticiar a buena parte de la población, Kazan expone hasta el día de hoy la herencia del imperio oriental tanto en su gente como en la religión que estos practican.

En la actualidad es la capital de la Republica de Tatarstan (los rusos históricamente han llamado siempre tátaros a los mongoles), y está marcada por fuertes corrientes ideológicas independentistas.

Es también una de las mayores comunidades musulmanas de Europa (después de la de Estambul en Turquía), y esto se ve claramente impreso en las hermosas mezquitas que decoran la ciudad y mucho más importante, al menos para nosotros, en la cálida hospitalidad de su gente.


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