La inmensidad del Gran Cañón del Colorado

14-12-2017

 
La inmensidad del Gran Cañón del Colorado
 

Cuando estás en el Gran Cañón te vienen a la cabeza las imágenes planas que tantas veces habíamos visto en fotos y en documentales. No tiene nada que ver. Es inmenso, inabarcable, espectacular; te sobrecoge.

Llegamos a él en un coche que habíamos alquilado en Las Vegas. Por el camino nos llovió casi todo el rato. Aún así, nos desviamos por la histórica carretera 66 que iba desde Chicago hasta Los Ángeles. Nos alojamos en el mismo cañón, lo cual no es fácil salvo que lo reserves con mucho tiempo de antelación; merece la pena puesto que te sientes inmerso en su naturaleza. Una de las mañanas vimos a un ciervo frente a nuestra ventana.

La primera noche nos acercamos al mirador que hay al lado del hotel El Tovar; era de noche, pero la luna nos ayudó a verle un poco; aún con todo, te admira.

El día siguiente lo dedicamos por entero a ver el Cañón desde diferentes miradores. Primero paramos en el Bright Angel para hacer un mini trecking descendiendo. Las vistas eran fenomenales. Para bajar se necesitan horas y, se recomienda, subir al día siguiente. Hay un servicio de mulas que así lo hacen. Nosotros solo bajamos durante un tiempo y volvimos a subir, no teníamos mucho tiempo; a parte, el otro tiempo, el atmosférico, no era muy bueno. Hacía frío, bastante frío, incluso para unos de Burgos como nosotros, venir del calor de Las Vegas fue un cambio muy brusco.

Justo en el Bright Angel hay que dejar el coche y coger el magnífico servicio de autobuses gratuitos que te llevan, cada quince minutos, por las tres rutas que hay señaladas por colores; coges una y te paras en el mirador que quieras, puedes andar y volver a coger el autobús en la siguiente parada o en la misma si solo te has bajado para contemplar el paisaje. Cogimos la ruta roja y paramos en Powell Point y anduvimos hasta el Hopi Point. Después, con el autobús, llegamos hasta el final de esta ruta, el Hermits Rest. En cada mirador aprecias el Cañón de una forma distinta. No te cansas de contemplarla. La erosión causada por las aguas del río Colorado y el aire han dejado constancia del tiempo que ha necesitado para formarse: dos millones de años que se dejan ver en las múltiples capas de roca.


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