Luang Prabang, canticos, monjes y monasterios.

22-03-2017

Camino salvaje
 (4/5)
 
Luang Prabang, canticos, monjes y monasterios.
 

El aire aún refresca a las 5 de la mañana en Luang Prabang. Y yo nunca he sido muy buena madrugando. Sin embargo, hay ocasiones, en que el esfuerzo merece la pena.

La habitación esta sumida en el silencio y la oscuridad. El roce de mi ropa y mis pisadas son lo único que rompen esa calma. Me encamino a la salida lo más silenciosa que puedo. Pero la entrada está cerrada y no me queda otra que despertar al soñoliento encargado, que asiente con la cabeza cuando le digo que quiero salir.

La calle esta oscura y en silencio, al igual que mi cuarto. La mayoría de la ciudad aún duerme. Pero una pequeña proporción hemos madrugado más que el sol con un objetivo, la entrega de ofrendas a los monjes.

He quedado a las 5:20 con Cyri, una francesa que, al igual que yo, no quiere perderse algo tan único.

Sabemos que los monjes no empiezan a aparecer hasta las 6 pero queremos buscar un buen sitio. Un sitio lejos de las furgonetas que empiezan a llegar llenas de chinos con sus cámaras y sus gritos.

Lo encontramos. Una hilera de mujeres espera con la comida, ya de rodillas y en silencio. Aún quedan 30 minutos. Y allí nos sentamos a esperar.

No llevamos comida. No estamos allí para participar, solo como meras espectadoras. Las mujeres apenas hablan y nosotras tampoco. El sueño y la solemnidad del momento nos lo impiden.

Luang Prabang es una ciudad llena de monasterios. Es, posiblemente, una de las ciudades más religiosas que conozco.

Durante el día, los monjes, se dedican al mantenimiento del templo y al estudio de materias tan diversas como inglés, química o geografía. A los que tienen el día libre los puedes ver bañandose en río, con las túnicas incluidas.


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