Lugares en los que quizá te gustaría estar (XI): La cascada de Ézaro

25-01-2017

 
Lugares en los que quizá te gustaría estar (XI): La cascada de Ézaro

España es, sin duda uno de los países más turísticos del mundo y probablemente fuera se hable de muchas de nuestras cosas, como el sol, las playas, el patrimonio cultural o nuestra gastronomía. Pero pensar que alguien vuelva maravillado por unas cataratas vistas en nuestro país, se hace difícil de concebir. Sin embargo puede pasar. Y es que curiosamente las cataratas no son escasas en España, pero es evidente que no se consigue la espectacularidad de las de Niágara o Iguazú. Aún así muchas de ellas merecen una parada para admirar la fuerza y belleza de la naturaleza. Hoy os proponemos una; la sorprendente cascada de Ézaro en la provincia de A Coruña, que, a escasos metros del mar, supone el lugar perfecto en la escarpada y bellísima costa gallega.

La cascada de Ézaro se encuentra en el núcleo de Ézaro, perteneciente al municipio de Dumbría, a algo más de una hora en coche desde A Coruña y desde Santiago de Compostela. Es también conocida como la “cascada del Xallas” o del Jallas, que es el río que la provoca en su desembocadura al Atlántico. He aquí una de sus grandes peculiaridades, ya que al parecer es la única de toda Europa que desemboca en el mar. Encontrarla no es complicado, basta con conducir por la costa hasta llegar a Ézaro y está perfectamente señalizada. En sus inmediaciones hay un pequeño puerto deportivo, una gran explanada para aparcar, una zona recreativa para niños, pistas deportivas, espacio para picnic y una oficina de turismo en la que estuvieron encantados de saciar nuestra curiosidad. No se puede pedir más.

Mediante una pasarela de madera se puede llegar casi al mismo corazón de la cascada y el paseo no es largo. El desnivel que soporta el agua es de unos 40 metros, lo que provoca un estruendo ensordecedor. En el acceso se bordea una central de energía hidroeléctrica que aprovecha ese ingente caudal. Y es que la cascada antes era más o menos vigorosa en función de si kilómetros arriba se habían abierto o no las compuertas de la presa (en realidad hay hasta tres embalses distintos). Este era un detalle importante, ya que podía dejarnos sin contemplar el espectáculo. Cuentan que el caudal del río no era suficiente para producir ese efecto de cascada, algo arreglado por la mano del hombre. Desde hace ya más de un lustro la cascada se puede ver las 24 horas de cualquier día en todo su esplendor.


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