Navegación desde Praiano hacia Positano y Capri, un recorrido mágico!

12-03-2017

 
Navegación desde Praiano hacia Positano y Capri, un recorrido mágico!
 

Ahora que retomé mi blog de viajes, que recuperé las ganas de escribir y de contarles sobre los lugares por los que anduve, tengo que hablar de Italia. Qué país increíble! Me unen tantos lazos a esta tierra, tanto familiares como todo lo que tiene que ver con mi infancia y adolescencia en el colegio.

Durante el último viaje volví a visitar Capri, pero lo hice de una manera diferente. Estaba parando en la Costa Amalfitana, en un hermoso hotel, bastante familiar, en Praiano. Nuestro anfitrión nos propuso hacer la navegación hasta la isla en un pequeño crucero. Seríamos sólo cuatro parejas. La idea nos entusiasmó.

Salimos desde el pequeño puerto de Praiano, desde la Marina di Praia, para recorrer la Bahía de Nápoles hacia Positano. Pasamos por la Grotta Azzurra, más popular pero, al fin y al cabo, similar a la Grotta dello Smeraldo, para llegar al fin delante de las rocas majestuosas popularmente conocidas como I Gemelli. Qué paisaje maravilloso!

Una vez que atravesamos el arco natural, hicimos una vuelta apreciando las islas de Capri y Anacapri para luego bajar en la Marina Piccola. Una vez en tierra, la jornada siguió recorriendo las callecitas en pendiente de Capri para luego almorzar y hacer un hermoso paseo por la isla. Los puntos panorámicos son muchos. Cada paisaje era como una postal. Algunas horas después emprendimos el regreso a Praiano.

Fue un día completo navegando las aguas de la Costiera Amalfitana, una experiencia en mar y en tierra que disfruté muchísimo.

El grupo y nuestro capitán eran 10 puntos. Todos estábamos dispuestos a divertirnos y a llevarnos un recuerdo inolvidable. El crucero estaba muy bien equipado.

Hubo brindis cuando llegamos a la gruta y algunos se aventuraron a embarcar en esas barcazas que se acercaban a la cueva. En realidad, era un paseo de sólo algunos unos minutos. No creí que valiera la pena, por eso me quedé a bordo disfrutando de mi copa de champagne.

También estaba la posibilidad de darse un baño en el agua de color turquesa. O de navegar en la proa del crucero. Esto último fue lo que elegimos hacer de buen grado. La brisa fresca nos daba de lleno en el rostro. El agua nos salpicaba. Fue increíble.

El hecho de tener los acantilados delante de nuestros ojos a lo largo de ese terreno paradisíaco fue una experiencia imborrable. Vimos pasar algunas playas estrechas y las pequeñas casas esparcidas en lo alto de las colinas abruptas, a veces blancas como las de Praiano y otras de bonitos colores como las de Positano. Después llegamos cerca de las inmensas murallas de rocas que quitaban el aliento. Es uno de los paisajes más bonitos que recuerde.


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