Norte de Perú: Piura, Chiclayo y Trujillo

31-10-2016

Ruta caracol
 (4/5)
 
Norte de Perú: Piura, Chiclayo y Trujillo
 

PIURA

Antes de llegar a Trujillo nuestra primera parada fue en Piura. Al bajarnos del coche, una oleada de calor nos lleno los pulmones. El primer pasó era conseguir Soles Peruanos y algo de comida para el camino. Ibon se quedo a esperarnos refugiado en una sombra con todo el equipaje mientras nosotros íbamos a explorar. Notamos que la comida era considerablemente más barata que en Ecuador, y sacamos dinero en un cajero.

Caminamos aproximadamente un Kilometro para salir a la carretera principal pero el calor era insoportable. Negociamos con un Tuk-Tuk (motocarro) para que nos llevase a la primera gasolinera de la autopista. No era la primera vez que dudábamos en comprar uno y ponernos a viajar como “Ruta Caracol; viaje en Tuk-Tuk por el mundo” jajaja 

La gasolinera en la que nos dejo era aún más caliente. Veíamos el calor desprenderse del cemento, y las ondas en el horizonte de arena. Después de una hora, decidimos tomar un bus hasta chiclayo por uno 10-15 soles. Cuando vimos el paisaje que nos esperaba hasta la siguiente ciudad, confirmamos que había sido una magnífica idea. Kilómetros y kilómetros de desierto con unas pocas aldeas con casitas de madera. Las condiciones de vida en el desierto de Perú son extremas; y pasar por allí en aquel viejo autobús nos hizo comprender, que quedarse haciendo autostop en medio de el camino era una pésima idea.

CHICLAYO

Cuando en unas 4h llegamos a Chiclayo, descubrimos los primeros síntomas de la astucia peruana. Nos habían engañado y el prometido transbordo de autobús que nos llevaría a Trujillo no existía. Nos quedamos a las afueras de la ciudad y caminamos unos 3km hasta el centro. Allí, viendo que se nos echaba la noche encima, reservamos una habitación en una pensión familiar y salimos a cenar algo.

Chiclayo, muy parecida a las ciudades que veríamos después, tiene un centro histórico colonial. Paseamos por el centro al atardecer y encontramos una pizzería con muy buena pinta para cenar. Decidimos darnos el lujo sin calcular las dimensiones del apetito de Ibon y terminamos llevándonos un montón de comida china al hotel. ¡Pero que increíble que es la comida china-peruana!

Al día siguiente tomamos un bus a Trujillo, en una estación de autobús que casi parecía un aeropuerto, con detector de metal incluido.


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