Pau - Francia | A los pies de los Pirineos

23-11-2016

 
Pau - Francia | A los pies de los Pirineos
 

Pau, en el sudoeste de Francia, es una ciudad con una gran historia detrás, lugar de nacimiento de Enrique IV y cuna de los Mosqueteros. La capital del Béarn nos espera y nosotros estamos impacientes pro salir hasta allí.

Partimos hacia Pau desde Sandiniés, en el Valle de Tena. Tenemos unos 80 kilómetros por delante, hecho que supone una hora y media de viaje – si no es que sucede lo mismo que el día anterior y nos paran en la frontera –, así que salimos pronto del apartamento porque queremos visitar el Castillo de Pau y cierra pronto a mediodía. Levantarse pronto tiene muchas ventajas, entre las que se encuentra ver nacer el día en la cordillera pirenaica. Es imposible no detenerse en el camino, aun habiendo hecho solo un par de kilómetros, para poder contemplar tan abrumadoras vistas.

La parada es obligatoria en este punto de la ruta, pero también lo es continuar con el viaje, y eso es lo que hacemos, hasta llegar al Portalet, un poco acongojados por si volvemos a encontrarnos con un control y debemos pararnos otra vez. Cuando la subida comienza y estamos ya cercanos al paso fronterizo vemos que no hay nadie y, como si los cuatro viajeros nos hubiéramos comunicado mentalmente, decimos todos que ahora sí paramos para hacernos la foto en la frontera. Aunque esta es otra excusa, porque lo que allí vale verdaderamente la pena es el entorno que se vuelve brumoso cuando el día todavía está despertando. Realmente, lo emocionante de cruzar fronteras, por el hecho de ir a lugares nuevos y a los que supuestamente no perteneces, pierde la emoción cuando los paisajes golpean tu espíritu tan fuertemente. Pero sí, vamos, que la foto la hacemos: hoy cumplimos con el deseo postureta.

Esa bruma que rocía de forma melancólica las tierras a esta parte de la línea fronteriza se convierten, ya en el país galo, en una especie de manto blanco y denso que no dejan ver más allá de dos metros. Este contratiempo hace que nos detengamos para buscar las luces antiniebla en el coche, contratiempo que es una bendición porque en este punto del trayecto, también, el entorno es alucinante. Aunque el día anterior ya habíamos pasado por allí de camino al café clandestino, el ambiente ha cambiado completamente debido a las condiciones meteorológicas de la mañana en el Valle de Ossau y este hecho me hace sentir muy viva, pero también insignificante. Mientras unos buscan las luces, yo me dedico a explorar el terreno y hacer fotos que, aunque no sean de una calidad excelente, pretenden reflejar la belleza – y también la poesía, porque no – de lo que mis ojos están viendo en esos momentos. Pretendo llevarme conmigo, de este modo, un pedacito de ese terreno virtuoso y fértil, vivo, que es el Pirineo Francés.


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