Primera estación en España: Pamplona

24-05-2017

 
Primera estación en España: Pamplona
 

España, gran país, querido país.

La cuna de los antepasados de tantos argentinos, como es el caso de mi bisabuelo, don Matías Goyenechea, nacido en Bermeo, en el País Vasco. Aunque parezca extraño, no hace tanto tiempo que lo supe. Pero ni bien me enteré fue que saqué mi pasaje para visitar el lugar y otros del país en el que están radicadas las raíces de mi familia. 

Para contarles esta aventura, nada mejor que ser organizada. 

Empecemos por el principio

Llegué a Madrid una noche y la mañana siguiente me dirigí a Pamplona, la capital de Navarra.

La bonita ciudad es famosa por las fiestas de San Fermín y sus delirantes encierros, cuando una multitud que viste una camiseta blanca y un pañuelo rojo corre enloquecida delante de los toros por las estrechas calles del Casco Viejo hasta la Plaza de Toros. Parece una locura, pero lo repiten cada año. A veces, gana el toro.

Pamplona o Iruña también fue el hogar de Ernest Hemingway cuando pasó una buena temporada en la región, en la época de la Guerra Civil española.

Ese día que pasé en Pamplona pude conocer lo esencial. La ciudad es perfectamente abordable a pie, por lo que fue muy fácil y entretenido. 

La mayor parte de las atracciones se encuentran en el casco viejo o muy cerca de él. Es el corazón de la ciudad, un área peatonal habitada por palacios, porciones de la antigua muralla, iglesias, bares, plazoletas y restaurants. 

La calle principal, la calle Estafeta, es conocida por ser parte del recorrido de los encierros.

En primer lugar pasé por la Plaza de Toros de Pamplona. Es monumental. Aunque hoy en día es sede de conciertos y otros espectáculos, el mundo la conoce por los encierros de San Fermín que ocurren cada año entre el 6 y el 14 de julio. Entré por la mismísima puerta del callejón, como lo hacen los toreros. A pesar del silencio reinante pude imaginar la atmósfera electrizante de los Sanfermines.

Luego llegué a la Plaza del Castillo que es el centro neurálgico del distrito. La jornada era fría y los árboles apenas se habían enterado de la llegada de la primavera. Es un hermoso lugar de reunión, rodeado de restaurantes, bares y hoteles. Ahí están los bancos de la plaza ocupados cuando cae la tarde por los lugareños, el café Iruña con el salón dedicado a Hemingway, el bar Txoko, el magnífico Hotel La Perla en una esquina, y, en el centro, el kiosco de música.


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