Salvador de Bahía: raíces negras y playas blancas

21-07-2017

 
Salvador de Bahía: raíces negras y playas blancas
 

Tiene veinticinco años, piel de ébano, ojos oscuros y el pelo amarrado con una tela roja a modo de turbante. Se llama Adriana, lleva una blusa blanca bordada a mano, falda muy amplia, collar largo y unos enormes aros que remiten a su indudable herencia africana. Con la voz suave ofrece unos deliciosos acarajé, buñuelos fritos en aceite de dendé que se acompañan de salsas picantes y camarones secos. Lleva ya vendidos más de una docena en lo que va de la mañana y confía en llegar a más de treinta buñuelos cuando al terminar la tarde deje su puesto callejero ubicado en el Pelourinho, el barrio más tradicional de Salvador de Bahía. “Nadie se resiste a este manjar”, asegura Adriana con una sonrisa que le forma dos hoyuelos en las mejillas.

Salvador es la capital del Estado de Bahía, en el nordeste de Brasil. Fundada en 1549 por el conquistador portugués Tomé de Sousa, fue en sus comienzos la ciudad más importante de la Corona de Portugal en el continente americano gracias a las enormes riquezas que generó la exportación de azúcar a Europa. De aquellos tiempos de gloria, el principal legado es el barrio de Pelourinho, centro histórico de la ciudad ubicado sobre una colina que se eleva de manera abrupta casi cien metros desde el puerto costero. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Pelourinho está repleto de casas coloniales de frentes coloridos, calles angostas y empedradas, una vieja plaza municipal ladeada por edificios suntuosos, faroles de hierro en las esquinas y varias decenas de iglesias de los siglos XVI, XVII y XVII. “Todo aquí es maravillosamente antiguo, casi como si alguien hubiera sacado una foto en el pasado y la estuviera mostrando ahora”, dice Adriana, la vendedora de buñuelos cuyo puesto callejero se encuentra justamente muy cerca de una de esas tantas iglesias. “Acá nada puede estar lejos de una iglesia, porque hay demasiadas”, bromea la vendedora.

De las muchas iglesias del Pelourinho, la más importante es la de San Francisco. Considerado uno de los templos más hermosos de todo Brasil, fue construido en estilo barroco en el siglo XVII y se caracteriza por los dos torreones que se levantan sobre la plaza empedrada de Anchieta. “La mayoría de las iglesias de este barrio son barrocas y es por eso que el Pelourinho se considera el mayor conjunto urbano barroco existente fuera de Europa”, explica Joaquim Barbosa, un estudiante de turismo que por unos pocos reales se ofrece a guiar a los visitantes por los mejores rincones de Salvador. “Me gusta enseñarle a la gente que viene aquí lo que tiene mi ciudad para mostrar. Disfruto mucho de lo que hago y además me sirve para ganar dinero y costear mejor los estudios”, señala Joaquim, para quien un recorrido por las iglesias de Pelourinho no puede estar completo sin una visita al muy colorido templo de Nossa Senhora do Rosario dos Pretos, que fuera construido totalmente por esclavos negros traídos de África. “Esta iglesia era la única a la que tenían permitido el ingreso los negros en la época colonial”, cuenta el joven guía.


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