SAUNA Y TANQUES EN EKATERIMBURGO

12-06-2017

Viajando Vivo
 (4/5)
 
SAUNA Y TANQUES EN EKATERIMBURGO
 

La gente se apiñaba con expectación contra las cuerdas que dividían a los espectadores del camino por donde pasaría el desfile. El pálido sol de la fría primavera rusa brillaba con fuerza en un cielo sin nubes, y el ánimo contagioso de la multitud imprimía a las calles de Ekaterimburgo un ambiente de tranquila normalidad que, con toda seguridad, contrastaba con la demostración militar de la que pronto seríamos testigos.

La hermosa experiencia de familiaridad en una casa de campo rusa que habíamos disfrutado el día anterior, y la paz que ésta nos trajo, quedo rápidamente eclipsada por la imponencia de lo que ahora veíamos. Era claro entonces que nuestros días en Ekaterimburgo quedarían grabados en nuestra memoria.

La última ciudad de Asia

Ekaterimburgo, además de ser hoy la cuarta ciudad más grande de toda Rusia, ocupa un lugar sumamente interesante en la historia del país. Fundada en 1723, la misma debe su nombre a Catalina I, segunda esposa del Zar Pedro el Grande.

Su sangriento capitulo en la larga historia se escribió el 17 de julio de 1918, cuando en la casa de un próspero comerciante de Ekaterimburgo fue asesinado el último Zar ruso Nicolás II junto a toda su familia a manos de los bolcheviques.

El gobierno comunista, a partir de 1920, puso manos a la obra para convertir la ciudad en el centro industrial que hoy aún es.

Al igual que otras ciudades cuyos nombres contenían el sufijo burgo, y por lo tanto sonaban extranjeras, durante la era soviética fue renombrada como Sverdlovsk (otro ejemplo de esto es nada menos que San Petersburgo, cuyo nombre durante éste periodo fue Leningrado).

Hoy, Ekaterimburgo está ubicada justo al este de los Montes Urales, frontera natural que divide Asia de Europa, es un ejemplo más de tantos de la dura historia rusa. Sus edificios soviéticos, su típico aire industrial, su clima frío y sus opulentas iglesias ortodoxas, hacen a Ekaterimburgo una hermosa parada en el largo recorrido del Tren Transiberiano.

Para nosotros fue el final de un capítulo enorme. Llevábamos años viajando, viviendo y trabajando en el este del planeta. Tanto en Oceanía como en Asia.


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