SENDERO A PANAMINT, UN PUEBLO FANTASMA EN EL DEATH VALLEY | ESTADOS UNIDOS

12-06-2017

 
SENDERO A PANAMINT, UN PUEBLO FANTASMA EN EL DEATH VALLEY | ESTADOS UNIDOS
 

El sendero a Panamint City llevaba años marcado con tinta fluorescente en el mapa que habíamos recogido en 2011 en la oficina de Parques Nacionales del Death Valley (Valle de la Muerte), en California. Era un objetivo a cumplir algún día (algún día, esas palabras malditas): un camino ardiente a un pueblo fantasma a 2.300 metros de altura, abandonado hacía muchos años, pero que en su apogeo allá por 1876 había llegado a tener 3000 habitantes. Eso era mucha gente. Algo interesante debía quedar en pie.

Hoy, la única manera de llegar a Panamint City es caminando. La ruta original había sido arrasada hace tiempo por alguna riada devastadora, y la alternativa había sido cerrada por Parques Nacionales; era la mejor manera de proteger las cabañas, los vehículos abandonados en lugares imposibles y las instalaciones mineras que habían sobrevivido durante los últimos ciento cincuenta años.

En 1872 habían pasado poco más de veinte años desde el final de la guerra por la que México había perdido un tercio de su territorio ante Estados Unidos. Colorado, Nevada, Arizona, Oregon, Nuevo México, Texas, Utah y California habían pasado a manos del ambicioso vecino del norte y cientos de miles de colonos se habían lanzado en carros tirados por caballos a cruzar llanuras y desiertos en busca de la nueva tierra prometida. Allí encontrarían tierras fértiles, ríos repletos de salmón y vetas de oro, plata y muchos otros minerales que afloraban hasta la misma superficie. En este contexto fue cuando se descubrió plata en los montes Panamint, dentro de lo que hoy es el Parque Nacional del Death Valley.

– ¿Sabes que lo que vamos a hacer es peligroso? -le pregunté a Anna

– Sí, claro -contestó. – Si nos quedamos sin agua puede ser demasiado peligroso. ¿Pero has visto qué bonito es el cañón?

A finales de mayo el termómetro marcaba 110º Fahrenheit a la sombra (algo más de 40º Centígrados) y lo único que nos podía mantener con vida caminando por la montaña era seguir el arroyo que caía entre las piedras del Surprise Canyon. Habíamos rellenado hasta la última botella con agua, unos cinco litros que no serían suficientes si no encontrábamos los dos manantiales permanentes que hay en el camino. Y tendríamos que dar media vuelta.

El sendero no está marcado con pintura y apenas hay montículos de piedras, pero es extremadamente recomendable por la belleza y desolación del Surprise Canyon, sobre todo durante las primeras dos horas de camino. Ve [email protected] a mojarte los pies (perfecto con éstas temperaturas), ya que en muchos sectores el cañón tiene poco más de dos metros de ancho y deberás caminar sobre el arroyo. Este es un auténtico sendero salvaje.


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