Shanghái, la puerta de China

23-11-2016

 
Shanghái, la puerta de China
 

Shanghái nos recibió con su festival de primavera y el comienzo de la época de lluvias, aunque para nosotros fue la llegada al invierno del que nos habíamos olvidado después del verano en América, el viaje por el Pacífico, el verano austral y el caluroso trópico.

Nuestra primera necesidad fue ir de tiendas para comprarnos un abrigo al centro de Shanghái, donde tiene la oficina nuestra anfitriona, la cual nos ha facilitado mucho nuestra estancia aquí. Ella es una californiana de Los Ángeles que trabaja para una gran multinacional y vive en Shanghái con su marido y su hijo. La compañía para la que trabaja le pone un coche con chófer a su servicio y con él hemos ido y venido por esta inmensa ciudad aunque, tal vez, lo mejor sería darle otro nombre, porque excede los límites de lo que entendemos por tal término. Macro-hiper-super urbe se le podía llamar a esta unión de puentes, carreteras y rascacielos. Y está creciendo más. ¡Horror! ¡Como esto sea el futuro, que se pare el mundo, que yo me bajo! Dan auténtico vértigo las dimensiones de las urbes chinas de alrededor de 20 millones de habitantes. ¡Nueva York sería aquí una ciudad mediana, Madrid, una pequeña y Burgos, una aldea! Pero la gente parece que vive aquí bien y los chinos no parecen tan estresados como nosotros. Por el contrario, todo el mundo va con tiempo suficiente y son de una puntualidad que asombra.

Para trasladarnos contábamos con la ayuda del chófer de la empresa de nuestra anfitriona, Mister Han, con el que nos entendíamos por señas y con la libreta para escribir las horas, gracias a que usan los mismos números que nosotros. Son curiosas las conversaciones con los chinos: ellos hablan chino mientras hacen señas y nosotros asentimos, negamos y señalamos mientras hablamos en inglés. ¡Hay que ver! Mister Han nos escribía en chino en la libreta la dirección en la que habíamos quedado, por si nos perdíamos y teníamos que preguntar a alguien, lo cual afortunadamente, no sucedió. En China los extranjeros siempre tenemos que llevar tarjetas con la dirección en chino del lugar donde nos alojamos o al que queremos ir, para dárselas a los taxistas.

Nuestra primera visita fue el antiguo barrio de Yu Yuan en el que había un jardín chino del siglo XIV. Cuál fue nuestra sorpresa cuando nos piden para entrar 50 yuanes. Nosotros, como turistas que queremos ver los sitios, lo pagamos, aunque no entendíamos por qué, pero sólo con ver como la policía empujaba a un señor de edad que intentaba colarse, pensamos que no era conveniente discutir. Además, como veíamos que la gente pagaba… pues adelante.


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