The Catlins e Invercargill

09-01-2017

 
The Catlins e Invercargill

The Catlins abarca una amplia zona rural y casi despoblada en el extremo sureste de la isla sur de Nueva Zelanda, aún en la región de Otago. Bosques húmedos, acantilados, playas, ríos y cascadas imponentes... paisajes naturales fascinantes. El faro y los islotes de Nugget Point Lighthouse, azotados por la furia del mar, son uno de ellos. Muy cerca se localiza Invercargill, capital de la región de Southland y ciudad más al sur de Nueva Zelanda. 

Aún era muy temprano cuando terminé de visitar la antigua estación de ferrocarril de Dunedin y de comprar más comida en un supermercado para el viaje. Mi dirigí entonces hacia Invercargill, en la región de Southland, a unos 210 kilómetros de distancia de Dunedin, y donde termina la carretera nacional número 1. Sin embargo, en lugar de ir directamente, me desvié para ver el Parque Forestal Catlins, más conocido como The Catlins.

The Catlins

The Catlins abarca una amplia zona rural en el extremo sureste de la isla sur de Nueva Zelanda, aún en la región de Otago. Se encuentra entre Kaka Point y Fortrose, con tierras de cultivo, bosques húmedos, acantilados, playas, ríos y cascadas imponentes. Un paisaje natural fascinante donde el viento sopla con furia creando grandes olas. Su localización remota y casi despoblada, fuera del circuito turístico habitual, le otorga un halo de misterio especial que atrae a los neozelandases. La aldea más grande de la zona es Owaka, aunque está lejos de llegar siquiera al millar de habitantes.

No recuerdo haber visto muchas gasolineras a lo largo de esta ruta, la última quizás en Owaka. Por lo que es conveniente llenar el depósito antes de ir hacia The Catlins.

Paré primero en la playa de Kaka Point, y a lo lejos, a la derecha, ya podía divisar el faro blanco de Nugget Point. Estaba lloviendo y no parecía tener pinta de parar. Desde allí, la carretera de nueve kilómetros hasta el Nugget Point Lighthouse era de grava. No estaba dispuesto a renunciar de nuevo a otro maravilloso lugar como me sucedió en el lago Pukaki y el monteCook Aoraki. Así que seguí hacia delante conduciendo despacio.

Llegué al aparcamiento del faro, y aunque seguía chispeando ligeramente, la lluvia había cesado. Fue como una ventana de luz en mitad de la tormenta. Como decirme… ¡vamos chaval, te doy 15 minutos para visitarlo!. Caminé diez minutos hasta llegar al faro, vallado. Las vistas hacia ambos lados eran simplemente espectaculares. Incluso la tormenta que ya tenía encima se veía bellísima e inmensa desde allí.


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