Un día de paseo por Cantabria: Santillana del Mar

14-07-2017

 
Un día de paseo por Cantabria: Santillana del Mar
 

Durante mi último viaje a España, anduve también por la región de Cantabria. Me encantaba ver pasar los carteles por la autopista que señalaban que estaba, efectivamente, bordeando el Mar Cantábrico. Los paisajes por esta zona son alucinantes.

En el lugar tenía programada una visita imperdible. Era la de la antigua Santillana del Mar, una bella ciudad medieval que se dice está habitada por monumentos. Me sorprendió saber que a Santillana se la conoce como "la villa de las tres mentiras", porque se dice de ella que no es "santa", tampoco "llana", ni posee "mar". Esto último era real, ya que no tiene costa. Pero fue así que me dispuse a constatar lo demás por mis propios medios.

En primer lugar, como de costumbre, era necesario encontrar un parking para deshacerse del automóvil que se transforma de pronto en un lastre. Ubicamos uno a cierta distancia del casco histórico.

Caminando nos fuimos adentrando en un paisaje medieval que verdaderamente te transportaba. Todas las edificaciones como también las callejas de piedras exhiben un impecable estado de conservación. Son tal y como debían verse en la antigüedad. El día de sol devolvía un espectáculo luminoso y bucólico destacando cada detalle de este lugar reputado como uno de los pueblos más bellos de España.

El monumento más importante de la ciudad es el viejo Monasterio de Santa Juliana transformado en la actual colegiata de Santa Juliana. Es uno de los primeros exponentes de lo que se conoce como arte románico en la región de Cantabria. La villa se asienta alrededor de este edificio, ya sea en forma de casonas, como de viejas residencias y elegantes palacetes que evidencian el antiguo esplendor de Santillana del Mar. La ciudad se recorre lentamente y a pie para admirarla como se merece.

Las atractivas callejas suben y bajan en pendientes suaves, lo que hace el trayecto muy tranquilo y ameno. Las casas sorprenden con sus austeros muros de piedras. Los balcones tienen a veces sus barandas hechas de rejas trabajadas, siempre adornadas con macetones llenos de flores. Otras son de gruesas maderas que acompañan las fachadas pintadas a la cal que terminan en aleros de tejas. También me detuve a revisar los blasones que se exponen en lo alto de los muros y que deben identificar a las familias fundadoras.


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