UN DÍA EN LA ROCHELLE: DE HUGONOTES, PASADIZOS Y MAR

09-03-2017

 
UN DÍA EN LA ROCHELLE: DE HUGONOTES, PASADIZOS Y MAR
 

Un día en La Rochelle es el tiempo ideal para disfrutar con tranquilidad de esta ciudad de historia, hugonotes, pasadizos, soportales y mar. Mucho mar. 

En nuestro viaje a Burdeos y la isla de Ré el verano de 2016 teníamos claro que queríamos acercarnos hasta esta bonita ciudad que se encuentra a apenas unos cuantos kilómetros de Sainte-Marie de Ré, donde nos alojábamos.

Así pues, el día que vimos que iba a llover y que no podríamos alquilar bicis o recorrer la isla, tomamos el autobús que te lleva desde la isla hasta la Place Verdun, a pocos pasos del centro histórico.

Eran poco más de las once de la mañana y el día estaba cada vez más nublado y oscuro, pero no nos desanimamos y allá que nos fuimos en busca de los tesoros de la ciudad. 

A pocos metros de la parada del autobús de línea se encuentra la Catedral de La Rochelle. No es realmente un edificio que impresione aunque guarda una historia interesante.

Tras el asedio de la ciudad en 1628, los hugonotes perdieron y los católicos se hicieron con esta importante plaza, decidiendo hacerla capital de diócesis. Se levantó entonces una catedral, cuya primera piedra se puso ya avanzado el siglo XVIII, en 1742. 

El interior es sencillo, con las líneas puras propias del Neoclasicismo y su construcción fue dirigida desde lejos por una comisión en la que participó Soufflout, el arquitecto del Panteón de París. 

Al salir de la Catedral la lluvia era más fuerte pero nos refugiamos en los soportales de la rue Chaudrier y un poco al azar fuimos callejeando hasta llegar al Ayuntamiento. Este edificio estaba casi todo rodeado por andamios y paneles que explicaban a través de fotografías el dramático incendio que tuvo lugar en 2013 y que destruyó algunos de sus tesoros.

Las obras de restauración y de recuperación están en curso y realmente cuando terminen harán que se convierta en un lugar digno de visitar ya que guarda en su interior vestigios del asedio de La Rochelle por el cardenal Richelieu en 1627.

A esas alturas de la mañana nos sentíamos un poco frustrados por la lluvia, que la verdad es un incordio a la hora de conocer un lugar. 

Nos encaminamos hacia la oficina de turismo para buscar información general de la ciudad que no teníamos en nuestra guía de viaje y ya de paso preguntamos por el Acuario, que estaba justo enfrente.


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