UN REFUGIO PARA LA PAZ

17-11-2016

 
UN REFUGIO PARA LA PAZ
 

Pensar en una aldea hippie en Tailandia suena extraño o, para muchos imposible, porque las concepciones que tenemos en nuestras cabezas occidentales así lo genera. Pero existe, y se llama Pai. Bien al norte del país, y próximo a la frontera con Myanmar (ex Birmania) se encuentra este pequeño pueblo enclavado entre las montañas y atravesado por el río que le dio su nombre. Este paisaje de ensueño y el desafío de sobrevivir a las 762 curvas sobre la montaña para llegar, permiten entender el porqué: allá por los años 70, migraron hasta allí pequeños grupos “hippies”, que buscando alejarse de las guerras y los conflictos que afrontaba toda la zona del Sudeste Asiático, llegaron a aquel lugar donde realmente podían disfrutar de la paz espiritual que sus corazones marcaban. Son muchas las actividades que pueden realizarse, y todas en un contexto de calma y tranquilidad; tal es la marca característica de dicha aldea. Recorrer sus callecitas, sentarse sobre el río a contemplar la naturaleza, atravesar los puentecitos hechos en caña de bambú, visitar el barrio chino y el puente de la memoria (memorial bridge), que es un vestigio de la ocupación japonesa de la zona durante la Segunda Guerra Mundial, ir hasta el Grand Canyon y disfrutar de sus cascadas de agua cristalina están entre las opciones. Pero la mirada del Buda Blanco (White Buddha) desde las alturas, mezclándose entre las nubes e irradiando su pureza con los brillos del sol sobre el pueblo, incrementa la paz que caracteriza a Pai.


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