UN RELATO DE SYDNEY

17-03-2016

Viajando Vivo
 (4/5)
 
UN RELATO DE SYDNEY
 

La Ciudad y su Gente

Me acuerdo que el viento soplaba con fuerza. Estábamos sentados en el cantero de un edificio en el barrio de Chippendale, a diez cuadras de pleno CBD (Distrito Central de Negocios) de Sydney, Australia. Hacia menos de una hora que habíamos llegado, y estábamos todavía en ese limbo que provoca el cambio brusco de realidad. Volvíamos a viajar. De repente, dos años y medio de trabajo, corridas, esfuerzo, ansiedad, trámites y una dosis infinita de paciencia llegaban a su fin, y mientras el sol se ponía en ese ventoso día de verano en Australia, yo no podía más que sonreír.

Hay quien dice que las ciudades son como la gente, que tienen personalidades, temperamento, ideas y sentimientos. Creo que al conocer una ciudad, cada uno se lleva una impresión diferente, al igual que al conocer a una persona.

Sydney es hermosa, eso es innegable. Sus veredas anchas y peatonales, sus edificios que hacen cosquillas a las nubes, sus obras de arte arquitectónico, sus barrios residenciales con patios delanteros llenos de vida. Su contagioso amor por el café, y el orgullo con el que pregonan a cualquier oído dispuesto que ellos tienen el mejor del mundo. Caminar por los jardines que rodean al increíble Opera House, cruzar el Harbour Bridge, intimidantes hazañas de la arquitectura si las hay, sentirse un niño en el Luna Park. Todo lo que hay en Sydney la hace única.

Y es, sin duda, una ciudad temperamental. La tranquilidad de las playas en la costa solo está a unos minutos en tren del furioso frenesí de las calles del centro. En el primero el surf, las olas y el sol dictan la orden del día, en el segundo se mata y muere por los negocios, por destacar en una ciudad tan grande y alta que salir de su sombra es el trabajo y el sueño de toda una vida.


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