Yangón, la ciudad a los pies de la Shwedagon Pagoda

24-10-2016

 
Yangón, la ciudad a los pies de la Shwedagon Pagoda

Casi tres días enteros en Yangón pueden dar para mucho. De inicio puede parecerte una ciudad caótica, sucia y estresante, y no irás muy desencaminado. Las arterias principales son bulliciosas y los callejones que salen de estas, en muchas ocasiones y sobre todo cuando acaba el día, están llenos de los residuos sobrantes de la jornada, así que acostúmbrate a caminar y sobresaltarte con alguna que otra rata mientras vuelves al hotel después de cenar.

Pero eso no es todo, Yangón ofrece algo más que ese caos controlado. La ciudad más importante de Myanmar (en 2005 dejó de ser la capital en favor de Naypyidaw) es una ciudad llena de vida, con movimiento desde que amanece hasta bien entrada la noche y con un buen puñado de oportunidades para que la estancia sea agradable. 

Nosotros llegamos bajo la lluvia y ya con las mochilas en nuestro poder, cogimos un taxi hasta el hotel, que habíamos contratado unos días antes desde Barcelona, evitando dolores de cabeza al llegar a la ciudad tras bastantes horas de viaje. Allí aprovechamos para descargar los bultos y darnos una merecida ducha tras la larga escala en Doha y las dos primeras noches que pasamos volando. Después del momento relax salimos a buscar algo para comer y acabamos en el Oishii Sushi, cercano al hotel. 

Tras la comida y después de descansar otro rato en nuestro hotel, salimos ya de noche a dar los primeros pasos por Yangón, que nos llevaron a la Pagoda Sule, punto de referencia para marcar todas las distancias desde la ciudad hasta el resto de puntos del país y uno de los templos religiosos más importantes de la ciudad. Aquí fue dónde por primera vez tuvimos que descalzarnos por completo, pese a la lluvia, para caminar por el recinto. 

Un día en la Pagoda Shwedagon y alrededores

La Pagoda Sule es grande y merece la pena su visita, pero nada tiene que ver con la imponente Pagoda Shwedagon, un recinto enorme presidido por una estupa dorada de 99 metros de altura y con una corona llena de piedras preciosas, que con un buen guía del lugar o alguien que te ayude, podrás diferenciar en algunos puntos en los que el reflejo te permite ver el color de la piedra. La visita a la Shwedagon puede llevarte varias horas y debes hacerla con calma, disfrutando de uno de los recintos religiosos más imponente e importantes del Sudeste Asiático. Es sin ninguna duda el highlight al que todos los visitantes de la ciudad deben prestar atención. 

 


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