Caminando por el tiempo por la ciudad ancestral de Byblos

01-05-2018

 
Caminando por el tiempo por la ciudad ancestral de Byblos
 

Inmersos en Líbano y en pleno aclimatamiento al tempo acelerado de las calles de Beirut, nos lanzábamos a la aventura que suponía dar una vuelta por libre por la geografía libanesa a bordo de un coche alquilado. La idea de conducir por Líbano después de haber sido testigos del tal desastre de circulación, nos hacía sentir un ligero sobrecogimiento en el pecho, ese cosquilleo de: 'En realidad no me atrevo pero lo voy a hacer de todas formas'.

Pensamos que lo mejor sería alquilar el coche un poco a las afueras de la ciudad, en la parte norte, desde donde ya teníamos cerca la salida a la ciudad para ahorrarnos así conducir por esta locura de tráfico.

Lo que en teoría iba a ser pan comido se convirtió en una odisea para llegar hasta la oficina donde debíamos de recoger el coche. Para empezar, los services (servicio barato de los taxis) no querían llevarnos tan lejos de la ciudad así que tuvimos que acudir a un Starbucks donde con su WiFi pedir un Uber para que nos recogiera allí y de camino por qué no, bebernos un café. El conductor de este Uber era un ex-militar que había luchado durante años en misiones contra el Daesh, no se cortaba ni un pelo a la hora de hablar sobre ello, sus palabras nos dejaron mudos. No nos queríamos ni imaginar lo que ese hombre había vivido en esas guerras, algo podíamos intuir por su mirada. No nos recomendó para nada ir a Balbeek y se sorprendió de que ya lo hubiéramos hecho, ya que según él, suponía ser un área muy peligrosa al estar en control de Hezbollah. Nos dejó su número por si necesitábamos algo, en plan protector, fue muy interesante compartir ese rato de charla. Es la historia de muchos de los habitantes del Líbano.

Al llegar, la oficina nos la encontramos cerrada, al parecer nos confundimos de dirección y elegimos la oficina errónea. Después de intentar llamar a su oficina, teniendo que comprar primero una tarjeta con crédito para llamadas para poder utilizar las cabinas callejeras, pudimos dar con ellos para avisar de que llegaríamos más tarde. A falta de transporte que se dirigiera hacia allá, decidimos andar los 3 km que habían, no sin antes preguntar la dirección en un centro comercial que había por allí, no teníamos claro a donde teníamos que dirigirnos. Menos mal que íbamos tan ligeros de mochilas para este viaje, no sabéis lo mucho que se agradece para hacer los desplazamientos. Cuanto más viajamos, más ligeros vamos, es algo que se aprende después de mucho viajar. 

Más tarde de lo esperado y sudorosos de andar por una calle ruidosa y calurosa, llegamos a la oficina donde muy amablemente nos dieron un Kia Picanto muy nuevo, era ideal para nosotros. Compacto y con un motor que gasta muy poco aunque se dice que en Líbano, cuanto más pequeño es el coche menos te respetan en la carretera.


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