Etiopía, exotismo y espiritualidad

06-11-2015

 
Etiopía, exotismo y espiritualidad
 

Muchos etíopes lucen una cruz ortodoxa tatuada en alguna parte del cuerpo, a menudo en la frente. Es una de las muchas profesiones de fe de un país profundamente arraigado en la identidad cristiana desde el siglo IV. Como lo son también las maravillosas iglesias excavadas en la roca de la ciudad de Lalibela y de la región de Tigray, o los íconos ortodoxos presentes en casas y tiendas.

Afortunadamente, esta profunda religiosidad no ha dado lugar a una cultura fundamentalista, tampoco en entre su minoría musulmana, y los etíopes son un pueblo abierto y hospitalario con los visitantes de otras culturas.

La mayoría de turistas que visita Etiopía -al norte de Kenya, en el oriente africano- opta por realizar una ruta por las principales ciudades y regiones del norte del país, que constituyeron el corazón de uno de los grandes imperios del mundo antiguo, descrito ya en los jeroglíficos del Egipto de los faraones. Tanto en los itinerarios de los mochileros como en los de los tours organizados hay un destino imprescindible: Lalibela. Esta pequeña ciudad, a 2500 metros de altura y con vistas a un precioso valle, debe su nombre al devoto rey Lalibela, que en el siglo XII decidió crear una nueva Jerusalén en África. El monarca contrató a los mejores artistas y arquitectos de la época e hizo construir un complejo de doce iglesias excavadas en la roca que merecen un destacado lugar entre las más espectaculares edificaciones de Patrimonio de la Humanidad.

El recinto constituye un centro de peregrinación para los fieles etíopes, y hay que visitarlo al amanecer para imbuirse de la espiritualidad del lugar. Con los primeros rayos del día, las calles de la ciudad se llenan de peregrinos que caminan despacio, en un absoluto silencio, hacia las iglesias. Tan sólo se oyen sus pasos y el tintineo de las gotas de lluvia al golpear los tejados de hojalata de humildes casuchas. La mayoría de los hombres están ataviados con un turbán, mientras que las mujeres se cubren la cabeza con un chal de un blanco impoluto.


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