Gueliz, la zona nueva de Marrakech

01-01-2018

 
Gueliz, la zona nueva de Marrakech
 

Creada durante el protectorado francés, esta zona es más parecida a las urbes occidentales aunque sin perder los colores de las fachadas marroquíes ni optar por los grandes rascacielos

Después de haber paseado y esquivado motos por el zoco de Marrakech, llega el momento de respirar un poco de calma (aunque seguro que luego te quedarás con el caos). Al otro lado de las murallas que rodean la Medina se encuentra la ciudad nueva, llamada Gueliz, creada durante el protectorado francés, más parecida a las urbes occidentales aunque sin perder los colores de las fachadas marroquíes ni optar por los grandes rascacielos.

Lo primero que notarás es que las motocicletas son en su mayoría reemplazadas por los coches y reaparecen los semáforos (aunque tampoco es que los vehículos los tengan muy en cuenta). Una de las guías que nos llevó por Marrakech nos comentó que para cruzar las calles, los peatones miran, rezan y cierran los ojos. Y lo sorprendente es que los vehículos, aunque no respeten las señales, se paran si ven a una persona cruzar por mitad de la carretera.

El Jardín Majorelle es el principal atractivo de Gueliz, un precioso bosque (por su tamaño y la frondosidad de sus árboles no se le puede calificar como jardín) ordenado, cuidado y elegante en medio del caos marroquí. Este lugar fue comprado en la década de los ochenta por el diseñador Yves Saint Laurent y su compañero, Pierre Bergé, enamorados de la ciudad de Marrakech. De esta forma, se trasladaron a vivir a la antigua residencia de su propietario original, el pintor Jacques Majorelle, y lograron mantener el paraíso del artista. En el interior de los jardines, el estudio de Majorelle se ha convertido hoy en el  Musée Berbère. Además, muy cerca han inaugurado hace tan solo unos meses un museo dedicado a Yves Saint Laurent.

Con respecto a los jardines, encontrarás hasta 300 especies vegetales de los cinco continentes que te rodearán mientras paseas por los estrechos y laberínticos caminos que recorren el lugar. Por ellos llegarás a la zona de los cactus, a los que era aficionado el pintor y cuya pasión quisieron mantener el diseñador y su compañero, por lo que hoy hay hasta 30 especies diferentes; la de las palmeras, algunas traídas del Pacífico Sur, el África Oriental, la India, la cuenca del Mediterráneo e incluso las Islas Canarias; al espacio de los bambús, al memorial construido en nombre del diseñador, cuyas cenizas fueron esparcidas por los jardines tras su muerte, y al lago central, ubicado junto al estudio del pintor, cubierto de lirios de agua y flores de loto asiáticas.


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