Isla de Bazaruto (Día 5)

09-09-2015

 
Isla de Bazaruto (Día 5)
 

Amanecemos por fin en Vilankulos. Todo lo que al llegar de noche no habíamos sido capaces de percibir lo descubrimos ahora. El lugar donde nos estábamos quedando es el Baobab Beach Backpackers, situado pasando el pueblo de Vilankulos a pie de playa. Por 10 €/noche dormimos en cabañas de caña con baño compartido y cocina también compartida.

Íbamos a pasar un día completo en Vilankulos, y queríamos aprovecharlo para visitar el archipiélago de Bazaruto que está formado por seis islas diferentes y presidido por la isla de Bazaruto, y que forman un parque nacional que todo el que pase por aquí debe visitar. Nuestra primera idea era contactar con algún pescador local que nos acercara a las islas en su barca de vela. Sin embargo, por practicidad tuvimos que dejar de lado esa idea. No sabíamos si encontraríamos a alguien que nos acercara, ni cuánto tiempo tardaríamos en encontrarlo y siendo los días tan cortos en invierno no podíamos perder 3 horas en ir y otras tantas en volver…

Así que al final nos fuimos con un viaje organizado, que por 4500 meticaes (60 €) te ofrecían lo siguiente: viaje de ida y vuelta a Bazaruto en barca a motor, pasar el día en Bazaruto, snorkle en el arrecife de coral a 20 minutos de la isla y comida de pescado a la brasa en Bazaruto. Y así empezamos el día.

Son las 11 de la mañana cuando llegamos. El Sol ya está lo suficientemente alto. La arena quema pero te descalzas igual para sentirla entre los dedos. Está seca y los granos son más gordos y amarillos que los que acostumbras a ver en las playas. Si miras hacia atrás ves las huellas que dejas en el manto de arena limpio, sabiendo que esta vez no las borrará ninguna ola, solo el viento. Si miras hacia arriba, solo ves la duna, y por momentos puedes creerte dentro de algún desierto. Luego miras a los lados y ves el mar y se te pasa, vuelves a estar en Bazaruto.

Tras un corto ascenso, tal vez de 20 minutos, llegas a lo alto de la duna, y lo que ves allí te sorprende. La cara de la duna por la que estabas subiendo termina en un vértice perfecto, como si todas las noches alguien se encargara de dejarlo preparado, pulido y perfecto para el siguiente día. Tras el vértice, la caída es mucho más pronunciada, mucho más vertical. Y cae directa sobre un bosque de árboles que parecen nacer de la misma arena, y que se extiende por todo el resto de la isla.


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