Más allá del Parque Tayrona: Otros tres planes en Santa Marta

13-03-2018

 
Más allá del Parque Tayrona: Otros tres planes en Santa Marta
 

Como todos los años, el Parque Tayrona —destino turístico principal— cierra sus puertas un mes entero para la “limpieza, sanación y protección ambiental y espiritual” de este territorio que cuatro comunidades indígenas de la Sierra de Santa Marta consideran sagrado. Este año el cierre fue en febrero, justo cuando vino de visita una amiga de Argentina (Coca: @cocaiaccarino). Con esta información, empecé a investigar con tiempo qué otros lugares Santa Marta y sus alrededores tienen para ofrecer y, finalmente, me decidí por los que comparto a continuación. Descubrí entonces, que vale la pena quedarse unos días más después de hacer el típico circuito y recorrer otros lugares con mayor tranquilidad. *

1. Alrededores de Playa Grande

Lo que la mayoría de la gente hace cuando cierra el Tayrona es ir a las playas que lo rodean. En este caso nosotros fuimos a Playa Grande, una cala a 20 minutos de caminata de Taganga o a 5 minutos en lancha desde el pueblo. En la primera curva donde se logra ver la costa, se divisa un mar espectacular que podría bien ser de cualquier película ubicada en el Mediterráneo.

UNA MALA NOTICIA: Sin embargo, de cerca la sorpresa es bastante triste. Taganga, alguna vez un lugar paradisíaco y con un potencial enorme, parece en ruinas: las calles están destrozadas y sucias, el puertito —a pesar de un intento reciente de construir una rambla con tiendas y restaurantes — está totalmente apagada y, lo que es peor, ya se respira un ambiente ultra informal como sucede en varios lugares de Tailandia que han sido acosados por un golpe de turistas y personas que poco interés tienen en respetar el ambiente y cuidarlo como se debe.

Al llegar a Playa Grande todo parece más ordenado, pero es solamente cuestión de entrar en los “estaderos”—como los locales le llaman a los chiringuitos o quioscos de la playa—para entender que el caos ya llegó a unos niveles angustiantes. Las estructuras son peligrosas, la atención es decadente y bueno… qué decir de la basura y el desorden. Da demasiada tristeza que un lugar tan pero tan divino se encuentre casi consumido por gente irresponsable y turistas destructivos que piensan que, como llegan y se van al cabo de algunas horas, alguien se va a encargar de solucionar el lío que ellos dejaron.


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