Playa de Tofo (Día 3) MOZAMBIQUE

26-07-2015

 
Playa de Tofo (Día 3) MOZAMBIQUE
 

Tercer día de vacaciones en Mozambique (¡y los que nos quedaban todavía!). Amanecimos en Tofo, en las cabañas, y la agenda del día se presentaba bastante completa: primero playa, luego comida en casa de Maria Angelina (una mozambiqueña), en el campo, y para terminar de rematar asado argentino de vuelta en las cabañas. ¿Acaso podíamos pedir algo más? Bueno sí, tal vez tener a mano un buen protector de estómago para ayudar a digerir todo lo que nos esperaba…

 

Antes de hablar y enseñar las fotos de la playa de Tofo, mención aparte se merece el lugar donde nos estuvimos quedando a dormir. Nuestro campamento base durante estos dos días eran unas cabañas de cañas en el campo, que gestionaba más o menos un amigo de nuestros anfitriones. Se trataba de una gran parcela llena de palmeras, donde había desperdigadas unas 4 o 5 cabañas que, en algún momento de su historia, habían formado parte de una guardería. Una de ellas había sido reformada por dentro y adaptada para poder escaparse allí los fines de semana sin perder comodidad,. Otra era el baño (con taza de WC y ducha de agua eléctrica, un gran avance frente a la letrina y la ducha con el cazo XD), y las otras tres eran cabañas aún por reformar en las que bastaba un colchón en el suelo y la mosquitera para poder estar sin problemas. Despertar por la mañana con la luz del sol y el viento colándose entre las cañas, abrir la puerta y verte en un lugar como el de la foto, era un lujo al que podías acostumbrarte rápidamente. (Aunque sé de una amiga mía que no compartirá mi definición de lujo XD)

Después de la ducha, pusimos rumbo a la playa. El día no había salido muy bueno, pero eso no quitaba encanto a la playa, como podéis ver en las fotos. Tras pasear, bañarnos, intentar tomar el sol y tragar arena por culpa del viento decidimos poner rumbo a casa de María Angelina.

María Angelina es una mujer mozambiqueña que pertenece a una asociación que trabaja por los derechos de la mujer, los niños y la tierra, allí en Mozambique. Desde hace cuatro años vive en una casa de ladrillo y cemento perdida en medio del campo que enseña orgullosa, ya que ha sido fruto de los ahorros suyos y de su marido, y de su trabajo duro. Para llegar a la casa, en algún momento entre Tofo e Inhambane, hay que salirse de la carretera y seguir por un camino de tierra que se intuye entre las palmeras. Justo en el punto donde debíamos abandonar la carretera, nos esperaba ella.

Su orgullo, y así lo decía, es poder vivir con su marido y sus hijos, con su huerta y con sus animales. Escuchándola hablar de su casa era como escuchar a mis abuelos cuando hablaban de su vida en el pueblo donde se crecieron allá en los años 40. María Angelina y Fernando (su marido) no son ricos, ni tampoco tienen mucho dinero, tampoco hay un camino asfaltado que llegue hasta su casa, y si quieren desplazarse no les queda más remedio que ir a pie o cogerse un chapas una vez alcanzada la carretera, pero tienen tantas otras cosas… Nos enseñaban con orgullo su huerto, sus plantas, ‘en las que -decían- se puede confiar más que en muchas personas porque si les das amor, ellas crecen y te lo devuelven’.


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