Skiathos y Skopelos, ¡Mamma Mía, qué tesoro!

17-12-2016

 
Skiathos y Skopelos, ¡Mamma Mía, qué tesoro!
 

Las Espóradas han sido todo un descubrimiento. Parece ser que Ulises encontró a Aquiles en una de ellas, donde lo había escondido su madre para que no fuera a hacer la guerra en Troya. No pudo buscar mejor sitio porque estas islas parecen estar alejadas del mundo en un lugar donde se ha detenido el tiempo. Nosotros llegamos a ellas siguiendo el rastro de la película ¡Mamma Mia!, filmada en Skopelos y Skiathos.

Aunque el cine todo lo cambie a su conveniencia, los escenarios naturales elegidos  son aún más extraordinarios en la realidad: el puerto, la playa de Kastani, la iglesia de la boda, Agios Ioannis, el cabo de los tres pinos. Todo está ahí y mucho más: los pueblos blancos con forma de anfiteatro mirando al mar, los pinares, las montañas, los paseos al lado del puerto, las vistas, los monasterios… la gente.

Mayo es cuando estas islas despiertan, todos barren, cortan hierba, pintan las paredes y acondicionan los lugares turísticos para la temporada que empieza. En la playa de Mandraki de Skiathos, a la que llegamos sedientos por un camino que atravesaba un pinar, encontramos al dueño del chiringuito limpiando. Encendió el generador para hacernos el frapé y, al pedir la cuenta, nos preguntó de dónde éramos; al decirle “de España” nos invitó a la vez que decía en griego algo de la Merkel.

Los transportes a las islas, que durante gran parte del año se reducen a un barco desde Volos y a un avión desde Atenas, en verano se convierten en sesenta vuelos semanales desde el norte de Europa y barcos desde Agios Constantinos. Nosotros llegamos con Olympic Air hasta Skiathos, donde nos alojamos en  www.studioslena.com , un lugar con una terraza hacia una vista encantadora al mar y que nos salía muy bien de precio. ¡Es la suerte de venir en primavera! Nos gustó cómo estaba decorado, todo blanco y azul intenso, la calma que se respiraba al asomarse a la ventana y el trato familiar de la gente, que te dan confianza desde el primer momento.

Pasamos una noche en Skiathos antes de salir al día siguiente en ferry para Skopelos. Bastó un paseo para ver que aquí todo era distinto a Mykonos y Santorini, donde toda la población está volcada hacia el turismo. Aquí se percibe más fácilmente la vida del lugar. El momento de mayor actividad es cuando llega el ferry al puerto y embarcan  camiones, carga y pasajeros. Cuando el barco se va, la calma invade otra vez el pueblo, hasta se oye a los pescadores trabajar en su barca.

La población, de tradición marinera, vive de pequeños negocios. Nos encontramos a bastantes que hablaban nuestra lengua por haber trabajado en barcos mercantes en España y Latinoamérica. Esos marineros son hoy el dueño del “mini market” de la plaza, el del restaurante de la playa o el del alquiler de coches del pueblo, que andarán ahora por los cincuenta y que nos contaban, en un español rudimentario, que ya no pueden practicar nuestra lengua, que aprendieron trabajando hace treinta años, porque son pocos los españoles que vienen por estas islas.


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