Tanna, islas Vanuatu, y su volcán Monte Yasur

18-11-2019

 
Tanna, islas Vanuatu, y su volcán Monte Yasur
 

Nuestro viaje para llegar a las Islas Vanuatu  comenzó en el Aeropuerto Internacional de Tontorua, en Nouméa, en Nueva Caledonia, a primeras horas de la mañana. Desde allí cogimos un pequeño avión que nos llevó hasta Port Vila, capital de Éfaté, la terecera isla más grande del archipiélago. Y desde Port Villa cogimos un pequeñísimo avión que nos llevaría a Tanna. En el aeropuerto, durante la facturación, dejamos la mochila para pesarla, pero la azafata nos hacía señas para subir a la balanza, y no entendíamos a qué se refería. Tuvimos que subir a la balanza con la mochila a la espalda, ya que tenía que calcular el peso total por pasajero. ¡Fue un momento gracioso!

Nuestro avión era muy pequeño, con capacidad para 20 personas, más los dos pilotos, cuya cabina no tenía puerta, por lo que se veía todo. Se vio la ciudad de Port Vila y algunos islotes. Eso sí, la presión del aire se notaba un montón, costaba respirar y parecía que te escachabas. ¡Qué sensación!

Al bajar, entramos en una salita y por las ventanas nos dejaron las mochilas. Poco a poco los pasajeros se fueron marchando y nos quedamos solos, fuera de la “terminal”. Por momentos dudamos que alguien viniese a buscarnos. Habíamos contactado por Internet a un tal Jean Pascal que gestionaba unas cabañas en Port Resolution. Unos 40 minutos más tarde llegó Thomas, un señor que se presentó como un amigo de Jean Pascal.

Pasamos por Lenakel el pueblo más importante de la isla, fue curioso ver al pasar momentos del día a día: mercadillos de frutas o reuniones de vecinos sentados en corro escuchando a los mayores y desde allí cruzamos por el centro hacia el volcán Monte Yasur. Al alejarnos de Lenakel, el asfalto de la carretera iba desapareciendo y se conviertían en caminos de tierra.

La sorpresa fue atravesar justo al lado del cráter del Monte Yasur. Era un paisaje lunar, todo seco con la tierra negra, y en el pico una nube de humo. Thomas nos había avisado que lo veríamos, pero no nos imaginábamos que íbamos a pasar tan cerca. La lava incandescente del Monte Yasur también atrajo al capitán Thomas Cook, que, en 1774 desembarcó en una bahía protegida que más tarde llamaría Port Resolution.

Cuando llegamos a la aldea Rose, una chica muy tímida, nos dio la bienvenida y nos dijo que Jean Pascal no estaba y que tal vez llegaba por la noche.


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