Viajar al Karlag de Dolinka. Campos de trabajo soviéticos borrados de la historia

16-03-2019

 
Viajar al Karlag de Dolinka. Campos de trabajo soviéticos borrados de la historia
 

Una mañana del 20 de enero de 2019 a -13ºC, el autobús proveniente de Karaganda nos para en un intersección de carreteras, en medio de la nada, dirección Dolinka.

El aire helado golpea bruscamente en la cara. Vivimos en nuestras carnes el duro invierno de las estepas nortes Kazajas. No podemos dejar de imaginar cómo sería soportar trabajos forzados con ese frío y sin nada para llevarse a la boca. 

A tan solo 4 km de nosotros tenemos el centro administrativo de la red de gulag más grandes de la Unión Soviética, los llamados Karlag.

La antigua URSS, a la que nunca le interesó su país vecino nada más que para esclavizar a su pueblo, usaba el territorio Kazajo como auténtico vertedero, probando en su suelo armas químicas y creando campos de trabajo para mandar a los prisioneros que se interponían en su camino. 

En los Karlag, que se extendían por toda la estepa kazaja, había prisioneros de todas las nacionalidades. Rusos contrarios a la política del régimen, prisioneros de guerra alemanes, españoles tanto de la división azul como republicanos, polacos, bielorrusos, nómadas kazajos, etc. Miles de personas fueron asesinadas y torturadas. O simplemente morían de cansancio, hambre o frío. 

En la actualidad,  el centro administrativo de los Karlag, es ahora museo que conmemora a las víctimas  mediante recreaciones de escenas, fotos, arte y objetos reales de la época.

Curiosamente es de los pocos recuerdos que quedan de estos campos de trabajo, que fueron intencionalmente destruidos. Mucho se oye hablar de los campos de concentración nazi pero poco se sabe, al menos en occidente, de esta parte de la historia. ¿A qué es esto debido? ¿ Hay víctimas de guerra de primera y de segunda? 


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