Visitar Haití, why not?

03-04-2018

 
Visitar Haití, why not?
 

Realmente éste no debería ser el título del siguiente post. Me hubiese imaginado viajar allí como enfermera con alguna ONG, pero no como turista. Estuvimos en Haití en Enero de 2016, en un viaje que hicimos por las Antillas Mayores. Musta es de los que piensan que si pagas un billete de avión al otro lado del charco, qué menos que recorrer varios países cercanos “ya que estamos…”, y entre Jamaica, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, está Haití. 

Aterrizamos en Cap Haitien después de un vuelo en avioneta vía Providenciales, en las islas Turcas y Caicos. Despegamos en Santiago de Cuba, con retraso de más de una hora. Subimos en una avioneta 14 personas, 6 de nosotros extranjeros, y nos mirábamos todos con cara de “¿en serio nos vamos a subir a este trasto?”. Y bien, cuando hemos embarcado todos, el avión se dirige a la pista de despegue, y antes de despegar, acelera por la pista sin elevarse, regresando de nuevo al hangar. Ahí me empiezo a poner nerviosa, pues normalmente los aviones listos para despegar no vuelven a los hangares de no ser por una avería o cualquier tipo de fallo. Pero no. Estamos en Cuba, y al piloto de metro noventa y 120kg de peso se le han olvidado unos documentos. Ahora sí que sí, despegamos. Volar en una avioneta sin presurizar tiene sus ventajas, una de las cuales fue sobrevolar el Parque Nacional de Baconao, el Mar Caribe y poder divisar los corales y esas aguas color turquesa que a todos los enamoran. Nada más bajar del avión nos vino un fuerte olor a orín. No es broma, creíamos que podía ser el calor, pero lo que nos esperaría más adelante lo justifica todo.

Pagamos los impuestos de entrada y migración y nos dirigimos a por nuestras mochilas, con la sorpresa mayúscula de que la mía había decidido quedarse en las islas Turcas y Caicos, quizá sabiendo lo que nos esperaba en Haití, porque no se dignó a volver hasta pasados cuatro días y directamente hasta Santiago de los Caballeros, ya en la República Dominicana.

Nuestra intención era alquilar un coche. Salimos de la sala de recogida de equipaje después de haber hablado con el responsable de la aerolínea para localizar mi morral, y nos encontramos con una cantidad de haitianos ofreciendo un servicio de taxi, solamente para nosotros dos, que por un momento nos creímos Beyonce y Jay-Z de vacaciones. Buscamos una oficina para alquilar un vehículo y un haitiano que parecía un hombre correcto nos hizo una oferta perfecta, ajustada a nuestro presupuesto, siendo él nuestro chofer por dos dias, así que genial, porque además una vez que salimos a la carretera nos dimos cuenta de que hubiese sido imposible circular solos por allí.


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